Sobre la aceptación de medidas extremas

El SARS-CoV-2, virus que causa la enfermedad denominada “COVID-19”, ha lanzado al mundo a una catástrofe compartida. Sabemos que cuando el virus comenzó a contagiar a humanos el mundo entero entró en pánico. No sabíamos nada al respecto, China siendo un estado famosamente secretista no era de mucha ayuda, y todos temíamos que el mismo fuese tan mortal que quizás arrasaría con un gran porcentaje de la población mundial. Sabemos ahora que esto no fue, ni será, así. A pesar de ser muy contagiosa y poder resultar en muertes, llevando a aproximadamente 216 millones de contagiados en el mundo y unos 4 millones y medio de fallecimientos según datos de la Organización Mundial de la Salud, no es exactamente el apocalipsis que muchos temían. Ciertamente, para aquellos que fallecieron a causa de la enfermedad, o para los familiares de las víctimas, quizás bien se sienta como el final de sus mundos. Al principio, vimos al mundo cerrarse. Observamos como muchas naciones impusieron medidas rigurosas de restricción sobre las libertades de la población. Incluso, hoy en día, Australia y Nueva Zelanda han vuelto a imponer restricciones extremas, imponiendo multas absurdas a aquellos que osan salir de sus hogares sin contar con una de las excusas aprobadas por el gobierno y obligando a las personas a registrar sus amistades y visitas en un portal web del gobierno local. Muchos apoyaron este tipo de medidas radicales: negocios y escuelas cerradas, tránsito limitado en las calles, toques de queda a partir de cierta hora de la noche, prohibiciones sobre reuniones privadas, etc. Pero siempre existió una minoría que se resistió a tales medidas por diversos motivos… Recientemente, Leoncio Barrios publicó un artículo de opinión en el medio venezolano en línea Efecto Cocuyo titulado “Nueva generación de negacionistas” que trata justamente sobre la resistencia y oposición a las medidas de “seguridad” impuestas por los gobiernos. La pieza es una ridícula generalización que trata de pintar a los que se resisten a los mandamientos gubernamentales como personas que simplemente no creen que el virus existe. Ciertamente existirá un número de personas (quizás elevado) que creen que el virus es meramente una mentira (hasta conozco a una), pero el intento de etiquetar a todos los que disienten de manera tan amplia es que ignora una preocupación central que comparto: es extremadamente preocupante que los gobiernos puedan imponer restricciones graves a las libertades sin enfrentarse a gran resistencia. Entonces, iré paso a paso, comentando lo que me preocupa de este tipo de complacencia. De los errores fácticos Barrios abre la primera sección de su artículo con lo siguiente: “El que los gobiernos fuesen estrictos en las medidas de prevención del virus era imprescindible. No se trataba de democracia o dictadura, sino de poder dar una respuesta sanitaria eficaz, de salvar la economía, la salud de la población.” Que las medidas de prevención radicales hayan sido “imprescindibles” es su opinión, lo que no es mera opinión es la declaración que había que salvar la economía. Ciertamente, hubo un golpe inicial a las economías mundiales e individuales como respuesta de pánico al virus, pero los golpes a los bolsillos (y por ende las neveras) de la gran mayoría no vinieron en diciembre de 2019, ni enero de 2020, vinieron después. El problema aquí es que Barrios ha volteado los hechos y sus consecuencias, presume que las personas sufrieron económicamente por culpa de la enfermedad y no de las restricciones gubernamentales que fueron impuestas sobre el trabajo. Entendiéndose estas restricciones como el cierre de los negocios “no esenciales” y las restricciones sobre el libre tránsito que dificultaron la violación de aquellas primeras restricciones. A modo de ejemplo, consideremos el caso de los Estados Unidos nación que ha mantenido buenos registros públicos en materia económica y de desempleo. El gobernador Mike DeWine de Ohio tomó la decisión de suspender el Arnold Classic el 3 de marzo de 2020 por preocupación sobre el COVID, medida inicial que el Washington Post consideró una guía de respuesta a la crisis en una nota que publicaron el 17 de marzo. El 8 de marzo se anunciaría la decisión de cerrar la primera escuela en Indiana. La Major League Soccer anunció la suspensión de su temporada el 12 de marzo y la Major League Baseball tomó la misma medida el mismo día. El 15 de marzo los Centers for Disease Control (CDC) anunciaron la primera recomendación de evitar reuniones de más de 50 personas. El 13 de marzo el gobernador Brian Kemp de Georgia declaró un estado de emergencia. El 15 de marzo, varios estados incluyendo Illinois y Ohio prohibieron la operación de restaurantes que atienden a clientes en espacios cerrados. El 18 de marzo, California emitió su primera orden de cuarentena a todos en el estado. Desde entonces las restricciones fueron expandiéndose, incluso hoy en día sobreviven muchas. Entonces, ¿cuándo se sufrieron las dificultades económicas? Bueno, Wall Street se enfrentó a algunas dificultades en febrero y marzo, pero la gente común y corriente sintió el impacto cuando quedaron desempleados porque los gobiernos ordenaron a todos a quedarse en casa y a los negocios a cerrar. En abril de 2020, Estados Unidos registró 6 millones de declaraciones de desempleo. Los pagos de seguros de desempleo nacionales alcanzaron los USD 26 mil millones el día 27 de junio de 2020. A lo largo del año pasado, California reportó unos 7 millones de desempleados. Yo soy abogado, yo tengo la suerte y el privilegio de poder trabajar desde mi casa en la computadora con la cual escribo esto. Leoncio Barrios es psicólogo que, según su cuenta de Twitter, atiende consultas por internet. Quizás Barrios ha olvidado que mucha gente no goza de tales privilegios como nosotros. Especialmente, en países como Venezuela. ¿Qué pasa con todos aquellos que tienen que ir a sus trabajos o ser despedidos? ¿Qué pasa con los constructores, carpinteros, taxistas, conserjes, secretarios, mesoneros, asistentes de tiendas y demás que no tienen la opción de quedarse cómodos en casa y vivir así? No creo que a Leoncio Barrios no le importe la gente, creo que simplemente no se le ocurrió pensar en las consecuencias de las medidas que tanto apoya. Es importante señalar que Barrios tampoco parece entender las vacunas contra el COVID-19: “A seis meses de haber comenzado la vacunación contra el covid en el mundo, casi ningún país ha logrado inmunizar al menos al 75 % de la población en riesgo de infección y mientras haya gente sin vacunarse, el virus tendrá donde alojarse y de allí pasar a otra persona vulnerable. Es decir, la epidemia no parará.” El error aquí es creer que las vacunas eliminarán la enfermedad. Sin duda, las vacunas contra el COVID-19 parecen dificultar la contracción del virus, y evitan en gran medida la enfermedad grave, pero no son garantía de eliminación del virus. En vista que Barrios es bastante obediente a las autoridades oficiales, aquí un poco de información al respecto publicada por el CDC. Si la vacuna previniese el contagio de forma total no veríamos situaciones como la de Colorado, donde las infecciones siguen aumentando entre los vacunados. Cuidado, las vacunas sí parecen funcionar, pero su propósito no es aquel que Barrios presume, su propósito es reducir el riesgo de enfermedad grave y muerte. Del hombre de paja y la reverencia a la autoridad A pesar de que el artículo de Barrios trata sobre la efectividad y necesidad de las restricciones extremas de libertades individuales impuestas por los gobiernos mundiales para contener el COVID-19, el título de la pieza (“Nueva generación de negacionistas”) pareciera no tener relevancia alguna con el argumento central, a menos que Barrios vaya a demostrar que los “negacionistas” son aquellos que se oponen a las medidas que él favorece y que supuestamente son muy buenas ideas. Verán, con “negacionistas” Barrios no se refiere a los que disienten de las medidas, no. Barrios se refiere a aquellos que niegan la existencia del virus. A pesar de decir un par de veces que los que se oponen a las restricciones lo hacen por motivos diversos, va y establece la siguiente generalización: “Los grupos o personas que consideran que las medidas de prevención asumidas ante el ataque del SARS-CoV-2 vulneran sus derechos fundamentales, como el de la libre movilización, han protestado. Y su defensa comienza por lo más simple: negar que la epidemia existiera y si existe, que las medidas de prevención que se han tomado sean las adecuadas. Negacionistas se les llama.” Esto es fácilmente lo peor del artículo. Cualquier posible argumento en oposición a sus medidas preferidas es categorizado bajo la etiqueta de “el virus no existe.” El problema con esto es que ignora muchas quejas importantes que presentan serias dudas para la libertad de nuestras sociedades. La primera queja la construí al inicio del presente artículo: la catástrofe económica personal para los menos privilegiados que dependen de sus trabajos presenciales. Barrios menciona que estas medidas extremas son incluso más importantes en países pobres como Venezuela, pero ignora que países como Venezuela son los que más necesitan que su población esté en el trabajo. Pero más allá del argumento económico, ¿debería un gobierno tener tanto poder sobre sus ciudadanos? ¿Deberían los gobernantes poder mandar a cerrar negocios e impedir el libre tránsito porque existe alguna nueva enfermedad? ¿Qué garantiza que este poder no se utilice para el mal? ¿Cómo aseguramos que no se inventen excusas luego para mantener este nivel de control? Hay una sola forma: escepticismo. No le crean ciegamente al gobierno cuando decida restringir sus libertades. No se queden callados ni escondan sus dudas solo porque los “expertos” del Estado han declarado la necesidad de tales decisiones. Dudar de las intenciones y decisiones del gobierno, especialmente de aquellas decisiones que lo ayudan a consolidar poder, es lo que nos ayudará a construir una mejor sociedad para todos. Claramente Leoncio Barrios no opina como yo, él se atreve a exponer sus tendencias autoritarias tecnocráticas al escribir: “Ya yo hice lo que tenía que hacer, ahora es cuestión de la gente, comienzan a decir algunos gobernantes de países ricos. ¡Peligroso! Sin duda, las decisiones de cada quien hay que respetarlas, pero las creencias erradas en salud hay que corregirlas.” Es el equivalente a decir: yo tengo la razón, el que piense distinto debe ser obligado a comportarse como yo quiero porque no hay forma que yo me equivoque. Barrios cree que los gobiernos deberían poder tomar decisiones que vayan en contra de la voluntad de sus ciudadanos cuando la gente está “equivocada”. No entiendo como alguien que vive en Venezuela y haya tenido que lidiar con la arbitrariedad de este régimen puede pensar que los gobernantes deberían poder imponer su voluntad por encima de la de los ciudadanos. Pero bueno, quizás yo seré el único sorprendido. Luis Gonzalez es un abogado graduado en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela), actualmente ejerce el derecho en el sector privado y es fundador y co-editor de The Explorer. Puedes encontrarlo en Twitter en @lagm96.

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