La importancia de las consecuencias

Los dirigentes políticos en Venezuela tienen el privilegio de quedarse con sus trabajos cuando toman decisiones abismales a diferencia de la mayoría de los venezolanos. El domingo fui a votar ya pasado el mediodía. Fue una experiencia inusual, a pesar de que no he tenido la oportunidad de votar muchas veces, siempre acompañé a mi familia desde temprano. La noche anterior se planeaba el horario, desayunábamos temprano, salíamos con ropa cómoda y colores claros para evitar pasar tanto calor. Nos llevábamos botellas de agua y algo de comer para aguantar el hambre en las largas colas de las mesas electorales. Nada fue igual este domingo. No amanecí en mi casa, no cuadré nada con mi familia, no pensé en la ropa, no llevé agua ni comida y al final no hubo consecuencia alguna por mis decisiones. Llegué a mi centro de votación y había poca gente. Solamente tuve a seis personas por delante y el cuaderno electoral de mi mesa estaba considerablemente vacío. Para la gran mayoría de nosotros, nada de eso fue sorprendente. Sabíamos que la abstención sería alta. Sabíamos que no podíamos esperar mucho. Pero aun así estuve increíblemente ansioso. Ansioso, no porque sabía que el PSUV conquistaría la gran mayoría de las gobernaciones, sino por pensar en cómo la oposición había vuelto a desperdiciar otra oportunidad. Ansioso sabiendo que lo más probable era que las dirigencias de los distintos partidos políticos derrotados no aprenderían nada y encima no pagarían ningún precio por sus errores. Pues ya es martes, y seguimos sin consecuencias. Es cierto que este fracaso es, en gran medida, culpa de todos los dirigentes de la oposición y de una serie de factores complejos. Pero vale la pena considerar algunos casos particulares que quizás deban cargar con más responsabilidad que otros. Algunos casos que, ya a estas alturas, deben ir quitándose del camino pues se han vuelto parte del problema. Vamos con el más fácil primero. Tomás Guanipa En septiembre, escribí sobre el mal mes que había tenido la oposición. Escribí en general sobre el desastre del mensaje público en cuanto a la participación en las elecciones. Los dirigentes habían declarado que no era posible ir a los comicios bajo las condiciones actuales, pero luego de un par de tragos en México junto al régimen y la delegación de Noruega salieron anunciando que habían llegado a la decisión de participar. Pero incluso llenaron ese mensaje, que debió haber sido claro, de señales mixtas. El 31 de agosto, Tomás Guanipa subió una publicación a su cuenta personal de Instagram donde anuncia que la oposición ha decidido participar en las elecciones, pero declara que las mismas no serán justas. Está bien que Guanipa señale la realidad del asunto, pero nunca en su publicación habla sobre la posibilidad de ganar. Ni siquiera dice que ganar será difícil, no, parece que ni considera la posibilidad. Con esa actitud, ¿Cómo es posible esperar que la gente vaya a las urnas? El sentimiento abstencionista era conocido y es fácil de entenderlo. Fue bien documentado a lo largo de la campaña electoral que la gente estaba cansada de los mensajes mixtos. La oposición no se hizo favores. Pero luego vino la gran idiotez. Como si no había hecho suficiente, Tomás Guanipa decidió bañar en gasolina el incendio comunicacional que tenía montado al anunciar su candidatura a la Alcaldía de Libertador. Guanipa pasó dos años viviendo en el extranjero y decidió que él debía ser el candidato. Lo decidió él ya que, como es típico, no hubo elecciones primarias para decidir el candidato. Por ende, Roberto Patiño tuvo que dejar a un lado sus aspiraciones para que uno de los hombres menos populares de la oposición se subiera como el candidato de la Unidad. Guanipa asumió esta responsabilidad, y el abandono de Patiño, con la clase y gracia por la cual se le conoce. Mentira, le dijo a El Estímulo lo siguiente: “Antes de que llegara al país, había –prácticamente con todos los actores políticos que estaban aspirando la Alcaldía Libertador– una solicitud para que yo regresara y asumiera esa candidatura. En todas las encuestadoras, no las que maquillan en la calle, y los comentarios en reuniones privadas y públicas había unos resultados que fueron muy claros en términos de tres componentes: el primero, nivel de conocimiento; segundo, el nivel de apoyo de la población opositora; y tercero, yo diría el más importante: quién estaba en mejores condiciones para ganarle a Nicolas Maduro ese proceso electoral. No hay un solo precandidato que se haya retirado y que no haya reconocido privadamente esa realidad. De hecho, el día antes de que se generara todo ese ruido por el tweet que puso un compañero, él había estado en mi oficina, aquí en esta misma sede del partido, para decirme que él reconocía que en todos los sondeos de opinión que se habían hecho la opción la tenía yo, que el candidato debía ser yo.” Cuando el periodista le preguntó si aquel “compañero” era Roberto Patiño, Guanipa contestó: Yo no voy hablar de nombres, pero es clarísimo que estuvo aquí en mi oficina. Él me vino a decir: “Estoy convencido de que el candidato debes ser tú”. Vamos a darle a Guanipa el beneficio de la duda y presumir que todos clamaban por su retorno suplicando cada noche frente a altares que tienen de él. Veamos entonces, qué salió de todo esto. Mm, una completa sorpresa. Nadie se lo esperaba. Tomás Guanipa ni siquiera fue el candidato de oposición más popular, esa distinción quedó para Antonio Ecarri que superó a Guanipa por unos 25 mil votos. Si sumamos los resultados de Guanipa con los de los otros 8 candidatos que perdieron igual nos faltarían unos 100 mil votos para alcanzar a Carmen Meléndez. No estoy diciendo que Roberto Patiño hubiese ganado, pero por lo menos hubiese tenido la experiencia de una campaña política importante. Experiencia que además le daría reconocimiento necesario para poder seguir avanzando en su carrera. La carrera de Guanipa está lista, o por lo menos debería estarlo. Tomó una terrible decisión, fue humillado de forma clara y predecible. Tomás Guanipa debe renunciar a su cargo de Secretario General de Primero Justicia. No hay de otra. Claramente no es lo suficientemente competente para llevar a su partido a una victoria, entonces es hora de que sea reemplazado. Guanipa ha estado en la dirigencia de Primero Justicia desde 2004, y ha sido Secretario General desde que Carlos Ocariz renunció al puesto para medirse por la Alcaldía de Sucre en 2007. Van catorce años desde aquel momento. Primero Justicia está estancado y seguirá estancado mientras Guanipa siga en la cabeza de la organización. David Uzcátegui Bueno, por lo menos estuvo más cerca de ganar que Guanipa. Creo que es el único positivo que le podemos sacar a la participación de David Uzcátegui en las elecciones. Unos días previos a las regionales publiqué un artículo hablando un poco sobre como Uzcátegui no tiene que medirse ante sus oponentes por la fuerza de sus propuestas, solamente debía ser el candidato de “oposición”. Eso se le complicó un poco cuando Carlos Ocariz fue nombrado el candidato de la Unidad pero ya Uzcátegui tenía un plan para encargarse de eso. Gracias a su naciente partido político, Fuerza Vecinal, y una cantidad verdaderamente absurda de dinero, Uzcátegui logró su cometido de superar a Ocariz. No por el contenido de su propuesta, sino por nombrar candidaturas rivales en 17 de los 21 municipios de Miranda. Candidaturas que solamente fueron propuestas para tener poder de negociación ante la Unidad. Al final, Fuerza Vecinal dejó de apoyar a algunos de estos candidatos a cambio de que Ocariz renunciara a sus aspiraciones a la gobernación. Es difícil crear algo nuevo. Es más difícil proponer el cambio que solamente quejarse de las circunstancias. Por eso, Fuerza Vecinal debería tener algo de mi simpatía. Pero no lo tienen, porque no es algo nuevo. Es solamente una nueva capa de pintura sobre un chasis oxidado. Unas flores lindas para decorar un balcón que se está derrumbando. La composición central de Fuerza Vecinal, sus fundadores y dirigentes, vienen de la Unidad y traen consigo los peores elementos de la política partidista, como bien quedó demostrado en aquella debacle por Miranda. La última vez que David Uzcátegui ganó una elección general fue en el año 2005 para desempeñar el cargo de Concejal del Municipio Baruta. Su última victoria electoral fue para ser Concejal hace 16 años y Uzcátegui consideró que el próximo paso era gobernador de Miranda. Como dije hace unos días, este hombre claramente vive en otro planeta. Pero Luis, Uzcátegui ganó las primarias de la MUD para ser el candidato a la Alcaldía de Baruta. No pudo participar en las elecciones por ser inhabilitado, hay que ser justos con él. El punto es que al final no fue alcalde, ni siquiera fue electo. ¿Qué experiencia gerencial política tiene para ser gobernador de Miranda? El resultado es el mismo, su último triunfo fue hace 16 años y volvió ahora a complicar las elecciones con sus juegos ridículos y perder igual. Ojalá, Uzcátegui entienda que es hora de quitarse del camino para dar paso a mejores opciones, pero ahora que tiene su propio partido no veo esto ocurriendo. Renovación general Lo anterior sobre Guanipa y Uzcátegui no les aplica solamente a ellos, esto va con el resto de la dirigencia opositora que lleva años estancada. Esto lo sabemos todos, sabemos que la renovación es necesaria pero los dirigentes no escuchan. El Presidente de Voluntad Popular, Leopoldo López, no vive en Venezuela. Pasó los primeros cinco años de la existencia del partido siendo su Encargado y ha sido Presidente desde entonces. Freddy Guevara, el actual Encargado Nacional, va para 8 años en el puesto. María Corina Machado pronto cumplirá 10 años como Coordinadora Político Nacional de Vente Venezuela. Es la única persona que ha ocupado dicho cargo en toda la existencia del partido. Primero Justicia es probablemente el más absurdo, Tomás Guanipa pronto alcanzará los 18 años en la dirigencia, 14 de ellos como Secretario General. Mientras que Julio Borges, quien no vive en el país, lleva 21 años ejerciendo el cargo de Coordinador Nacional. Fuerza Vecinal proclama en el pie de su página web que ellos son el partido de la innovación, pero ya los vimos jugando el mismo juego de siempre. No espero mucho en los años que vienen. Después de que los resultados del domingo fueron anunciados, Tomás Guanipa publicó un hilo de tweets donde dice entender lo que implican los resultados, específicamente lo que implica la alta abstención. Casi al final, Guanipa dice que el principal reto ahora es la renovación de liderazgos. Pero esto es algo que él le dijo a El Estímulo el 4 de octubre, entonces no sé qué esperar. Más que instituciones, los partidos políticos venezolanos parecen ser vehículos para sus fundadores y dirigentes. Vehículos para que opten por el poder a título personal. Es hora de que esa actitud cambie y es hora de que las caras cambien también. Luis Gonzalez es un abogado graduado en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela), actualmente ejerce el derecho en el sector privado y es fundador y co-editor de The Explorer. Puedes encontrarlo en Twitter en @lagm96.

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