De memorias y pueblos olvidados



La posada La Playa cumple con la promesa de su nombre, estando apenas a unos metros del mar en Chichiriviche de la Costa (o Chichirivichi como algunos de sus habitantes nos insistieron). Hace algo de frío en la oscuridad de las 4:40am cuando Johanna Valderramos y Yeremmys Vásquez suelen levantarse para comenzar el día. Yeremmys es nueva a la posada pero le mantiene el paso a los horarios de Johanna sin mayor problema. Es una joven, oriunda de Barquisimeto (o una “guara” como la llaman en la posada), que dejó su ciudad natal buscando empleo para poder mantenerse. Johanna lleva mucho más tiempo viviendo en la costa, tanto así que ha trabajado en todo y es conocida por los habitantes locales. En la posada, ambas se dedican a la cocina pero limpian y mantienen la posada cuando no se les requiere cocinar. Hoy, como todos los demás, será un día largo para ambas, quienes suelen terminar con sus deberes y acostarse a las 11:00pm, para descansar y volver a comenzar.


Johanna (izq.) y Yeremmys (der.) en la cocina preparan el desayuno del día.

Venezuela es un destino turístico con pocos rivales, gozando de una increíble diversidad de paisajes muy conocida por sus habitantes. Podemos encontrar, en un país relativamente pequeño, ambientes tan variados como los páramos de Mérida, los médanos desérticos de Coro, las junglas a los bordes del río Amazonas, las planicies del llano, los tepuyes de la Sabana y, como olvidar, las playas a lo largo de la costa. Mientras que la industria de servicios turísticos en Venezuela se encuentra gravemente herida por la cada vez más complicada situación económica, es difícil ignorar que las playas aún se llenan de venezolanos buscando un escape momentáneo.


Pero, solo porque nuestras playas aún se llenan, no significa que no han sido olvidadas. Olvidadas como la mayoría de las industrias de este país, olvidadas como las promesas incumplidas de este gobierno y gobiernos pasados; y olvidadas, por supuesto, como tantos pueblos en el corazón de nuestro país lejos de Caracas y las costas turísticas.


La costa de Chichiriviche vista desde el camino a San Miguel.

La playa de Chichiriviche de La Costa se llena en los fines de semana feriados. Desde las personas comprando pescado y plátano en el pueblo, hasta los que nadan en el mar y aquellos que suben las rocas a la estatua de la virgen para tomar fotos de la bahía. Pero no me refiero a que nos hemos olvidado de la playa. Hablo del olvido de su historia y la de sus habitantes, no solo por los gobernantes del país sino también por los venezolanos en general.


En febrero pasé unos días en Chichiriviche con mi novia, y decidimos tomar la misión de recordar un poco de aquella historia, tal como es contada por sus habitantes.


Chichiriviche es casi indescriptiblemente hermoso, cualquier narración de su entorno devolverá, inevitablemente, en una lista de clichés sobre la belleza natural de Venezuela y el contraste con la situación política y económica. El pueblo está ubicado en una cuenca entre dos montañas que se extienden hacia el mar, cortando olas, y resultando en aguas calmadas y claras en un buen día soleado. Nos cuenta Johanna que Chichiriviche es hogar de algunas 1.200 personas, mientras que otras 58 viven en el poblado cercano de San Miguel, el cual se encuentra escondido alto en una montaña y cuyo único acceso es por una carretera que sufre de las pésimas condiciones del olvido. Carretera que los habitantes locales suelen recorrer a pie o, en el mejor de los casos, en moto.

Johanna conoce muy bien a Chichiriviche y San Miguel, tras muchos años viviendo en la zona.


Algunas de las casas de Chichiriviche, adentradas en un bosque denso.

Cuando Johanna llegó por primera vez, trabajó como jefa de cocina en el Club Oricao y daba clases en la única escuela de San Miguel. Ese viaje diario equivale a 14 kilómetros, la mayoría de los cuales Johanna recorría a pie. A veces contaba con la suerte de conseguir transporte hasta Chichiriviche, pero de ahí hasta la cima de San Miguel debía superar el camino de montaña, rodeado de matas plataneras, hasta llegar a la escuela.


Atravesar largas distancias no fue algo novedoso para Johanna, quien ha vivido gran parte de su vida como una nómada moderna. De pueblo en pueblo a lo largo de Venezuela e incluso Brasil. Sus viajes a San Miguel la acercaron a la comunidad local, y también le recordaron las dificultades que deben ser superadas por aquellos que viven allá. Dificultades que van desde contar con la energía necesaria para cocinar e iluminar el hogar en la oscuridad, hasta conseguir asistencia médica básica y contar con alguna forma de seguridad pública.


Los servicios médicos llaman la atención en particular, en San Miguel radican en lo inexistente. No hay ambulancias que lleguen hasta allá, y tampoco se cuenta con hospitales locales. A las mujeres que deben dar a luz les espera un largo viaje, muchas recorren la carretera a Chichiriviche desde pueblos cercanos y dan a luz allá, ya sea en el ambulatorio local con la ayuda de enfermeras o en casas de amigos o familiares sin asistencia médica alguna. Algunas, buscando las mejores condiciones posibles, emprenden el viaje de unos 30 kilómetros hasta el hospital más cercano en Catia La Mar.


Luis Verastegui, dueño de la posada La Playa, también conoce las durezas de la situación de salud. Además de corroborar las historias de Johanna, el Sr. Verastegui (o Sr. Luis como lo llaman todos) nos comentó que la mayor asistencia médica con la que cuentan los habitantes es del ambulatorio local, que apenas fue construido entre 2000 y 2004. El Sr. Luis ha vivido en Chichiriviche desde 1982, y conoce todo lo que hay por conocer del pueblo. A lo largo del tiempo lo ha visto crecer, pero ha visto este crecimiento estancarse por muchos años sin ver avances reales en la infraestructura local. Sin contar el ambulatorio, el Sr. Luis cuenta que la última mejora que vieron los habitantes fue la carretera que viene desde La Guaira, la cual fue construida en 2008. Como es de esperarse la misma ha caído en desarreglo, llena de huecos, con porciones completamente de tierra y con una parte inundada.


Ciertamente la vida en Chichiriviche es bien complicada, pero quizás pueda verse privilegiada en comparación al pueblo vecino de San Miguel, cuyos habitantes deben aguantar las mismas durezas pero lo hacen en la oscuridad. Escondido en una montaña, San Miguel lleva desde 1992 sin luz eléctrica según nos cuentan algunos de los habitantes locales. Para cocinar e iluminar, la gente de San Miguel quema madera y otros materiales naturales como ramas y grama seca. La quema de madera es impresionantemente dañina, no solo para el ambiente dado el impacto que tiene la tala y la polución causada por la quema, sino también para las personas que deben quedar expuestas al humo y abiertas a la posibilidad de incendios que se salgan de control.


Una familia nada en un río que desemboca en la playa.

Sin la ayuda de las autoridades de la gobernación, San Miguel y Chichiriviche han tratado de resolver sus problemas por cuenta propia. Johanna ayudó a recuperar el Consejo Comunal con algunos vecinos, pero el alcance que pueden tener estas soluciones es dolorosamente reducido en comparación con las mejoras necesarias. San Miguel va para 30 años sin luz, ambos pueblos son de difícil acceso y aquellos granjeros que tienen la mala suerte de sufrir un accidente no les queda más que tener fe de que alguien los habrá escuchado. La casa comunal, que habrá sido vista pero ignorada por aquellos que hacen el recorrido desde Caracas hasta Todasana, sigue en absoluta ruina.


El último día que pasamos en Chichiriviche, el Sr. Luis nos llevó a conocer a Kurt Brenke Martínez, alguien que conoce el pueblo más que cualquiera. El Sr. Brenke vive a unos metros de la casa comunal, en una vivienda que sirve también como licorería y parece ser uno de los comercios más grandes del pueblo. Nacido en 1928 en Tarma, a unos 5 kilómetros de Carayaca, el Sr. Brenke lleva 57 años viviendo en Chichiriviche. Sus primeras visitas fueron mucho antes de llegar a vivir, a mediados de la década de 1930 cuando el pueblo era una hacienda cafetera privada (supuestamente de la familia Vollmer) y el destino vacacional del Sr. Brenke.


Un grupo de hombres toca tambores en la playa.

Eventualmente, Kurt Brenke se mudaría a Chichiriviche en 1964, llevado a ello por su trabajo en la industria petrolera. Un diploma conmemorando 10 años de servicio, otorgado por Creole Petroleum, aún cuelga en su sala con fecha del 13 de junio de 1964. En aquel entonces, el pueblo era más pequeño, y las numerosas posadas y casas que han sido construidas sobre la playa no existían aún. Eventualmente, su servicio a la industria petrolera culminaría y el Sr. Brenke comenzaría a dedicarse al comercio de licores (explicando su vivienda).


Con la compra de un camión Toyota verde el 13 de mayo de 1977, el Sr. Brenke comenzaría su ruta comercial, saliendo cada jueves a las 2:00am, desde Chichiriviche hasta Coche para comprar licores y venderlos en el pueblo. Durante esta época, vivió en la misma casa en la que aún podemos encontrarlo, trabajando con planta eléctrica por 26 años hasta que el servicio de electricidad llegó a Chichiriviche en 1992, año del último intento de traerle electricidad a San Miguel.


Hoy, a sus 93 años, el Sr. Brenke pasa sus días en la casa que lo vio llegar al pueblo hace tanto tiempo, y en la cual vivió con su esposa de 62 años, quien lastimosamente falleció en mayo de 2020. Desde que lo visitamos, rara vez pasa un día en que no pienso en el Sr. Brenke, su larga vida, su gran claridad y su impresionante memoria. Rara vez pasa un día en que no pienso en Johanna, Yeremmys, el Sr. Luis y las demás personas llegamos a conocer. Pienso en el olvido en el cual se encuentra el pueblo en el cual viven y como han sido en gran parte ignorados a lo largo de los años.


Cartelera de fotografías en la entrada de la iglesia en la plaza central del pueblo.

Yo solo conozco estas historias porque casualmente me encontraba en Chichiriviche de vacaciones, no es más que una mera coincidencia de distintos factores. Después del viaje he tratado de averiguar más sobre Chichiriviche, pero es muy difícil encontrar información sobre el pueblo que no sea una breve descripción genérica de su ubicación geográfica en la página web de alguna empresa de turismo. Es un pueblo conocido por muchos pero recordado por pocos. Es un pueblo de gran fama en Venezuela, y fue aquella fama que me llevó a tener curiosidad por él. Así como estas historias y sus personajes son dejados al olvido, vale la pena preguntarse cómo estarán todos los demás pueblos aislados de Venezuela en los que uno casi nunca piensa, aquellos que han sido borrados de la memoria colectiva y que solo pueden ser encontrados en mapas por casualidad, esos pueblos cuya historia es solamente conocida por sus habitantes.


Aquellos poblados de Guárico, Apure, Portuguesa y Amazonas cuyos nombres muchos ni conocemos. Sufriendo, no solo de los males típicos que acompañan la vida, pero ahorcados también por la terrible situación en la cual se encuentra la economía y la política venezolana. Desatendidos por cada gobierno, olvidados por aquellos que nunca han visitado y que se encuentran incomunicados viviendo a oscuras, sin internet y sin vías adecuadas para su acceso.


No dudo que valga la pena ponerse a pensar en aquellos que han sido olvidados.



Nota de edición: Este artículo fue actualizado a las 7:41pm (02/06/2021). Originalmente establecía que Kurt Brenke transportaba licores desde Chichiriviche a Coche, esto ha sido corregido para indicar que el Sr. Brenke viajaba desde Chichiriviche a Coche para adquirir el licor allá y venderlo en Chichiriviche.


Fotografías por Joseph Ascanio, puedes encontrar más de su trabajo en Instagram en @joascanio.


Luis Gonzalez es un abogado graduado en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela), actualmente ejerce el derecho en el sector privado y es fundador y co-editor de The Explorer. Puedes encontrarlo en Twitter en @lagm96.