Cinco pensamientos sobre la invasión rusa a Ucrania

La invasión rusa de Ucrania ha impactado y conmovido al mundo entero, aquí cinco pensamientos que me han ocupado a lo largo de estos días.

 

Un tanque Ucraniano es visto en Kharkiv, Ucrania. 10 de febrero, 2022 (AP Photo/Andrew Marienko)

Creo que pocas personas fueron sorprendidas por el momento en que Vladimir Putin, en televisión nacional, anunció su “operación especial militar” para “demilitarizar y denazificar” Ucrania. Rusia llevaba ya más de un mes moviendo casi 190.000 tropas a la frontera, estableciendo hospitales de campo y llevando a cabo ejercicios militares. Aun así, fue bastante impactante cuando vimos los tanques empezar a cruzar la frontera y escuchamos en videos las sirenas antiaéreas. Durante momentos como este es importante tomarse un momento para pensar en frío y no lanzarse a conclusiones firmes sin evidencia o tiempo para formularlas. Siempre existe la presión sobre los periodistas, comentaristas y analistas de ser los primeros en decir, escribir o publicar algo relevante. Esa tensión de ser el primero lleva a las personas a apurarse en sus análisis, perjudicando así la calidad de lo que se escribe. Es por ello que me he tomado unos días después de la invasión para dejar aquí algunos de mis pensamientos que han surgido mientras vivo pegado a la pantalla de mi teléfono y computadora absorbido por la terrible tragedia que se desencadena en las orillas del Mar Negro.



Putin no quería ni quiere una guerra


Esto se lo comenté a algunos amigos en las semanas previas a la invasión. Si quieres eliminar a tu enemigo militarmente los atacas con la mayor sorpresa posible, dándoles así el menor tiempo posible para prepararse. Pero eso no fue lo que pasó en este caso. Putin pasó semanas dejando claro que una invasión era muy probable. Me parece que Putin quería lograr sus objetivos (obligar a Ucrania a comprometerse a la neutralidad total) sin tener que invadir.


Aquí es importante que recordemos un poco la historia reciente de Ucrania, específicamente lo ocurrido entre finales de 2013 y 2014 durante la presidencia de Viktor Yanukovych. Yanukovych era exactamente lo que Putin quería, un líder ucraniano pro-Rusia. Pero el pueblo ucraniano seguía siendo un obstáculo para las ambiciones del dictador ruso por lo que cuando Yanukovych decidió romper el acuerdo de asociación entre Ucrania y la Unión Europea, así acercándose más a Rusia, vimos la detonación de un movimiento de protesta que conmovió al mundo. Reunidos en la Plaza de la Independencia de Kyiv, conocida también como Euromaidan, los protestantes aguantaron un duro invierno de represión por parte de las fuerzas gubernamentales que resultó en Yanukovych huyendo del país. Las ambiciones de Putin recibían un duro golpe, entonces decidió tomar control por sus propios medios invadiendo la Península de Crimea, así como las regiones de Donetsk y Luhansk, asistido de grupos separatistas financiados desde Moscú.


Algo interesante fue que, durante la Presidencia de Donald Trump en los Estados Unidos, Putin se abstuvo de expandir sus ambiciones en Ucrania. Esto es curioso considerando a todas las personas que se dedicaron a decir que Trump era un títere ruso o que Rusia tenía información incriminante sobre Trump que lo mantenía del lado ruso. Cómo olvidar las portadas ridículas de Time, el Washington Post y el New Yorker aludiendo al control del Kremlin sobre la Casa Blanca. Es cierto que Trump es un admirador patético de Putin, pero si el líder del Kremlin hubiese tenido tanto control sobre la Casa Blanca entonces hubiese fácilmente expandido sus ambiciones en Europa sabiendo que no habría consecuencias.



Una teoría que trata de explicar por qué Putin no invadió Ucrania bajo la presidencia Trump es aquella expuesta por Nicholas Creel en Newsweek hace unos días. Creo que es un buen argumento, principalmente que Putin no necesitaba invadir considerando que Trump fácilmente podría ayudarlo indirectamente al debilitar la OTAN e incluso quizás remover a los Estados Unidos de la alianza militar. También vale la pena contemplar la realidad que Trump, a diferencia de Biden, no era un político clásico, lo cual lo hacía más impredecible y por ende era más arriesgado molestarlo con una guerra. Es posible que Putin entienda más cómo funcionan los cálculos de riesgo que hace Biden que los que hacía Trump.


A todas estas, Putin no quiere guerra. Una razón por la cual no la quiere es porque las guerras son peligrosas y muy difíciles de predecir. Como escribió Nicolás Maquiavelo en sus Historias Florentinas: “Las guerras empiezan cuando uno quiera pero no terminan cuando lo deseas.” Cualquiera puede empezar una guerra, pero terminarla puede fácilmente salirse de tus manos. Creo que Putin es suficientemente inteligente para entender esto y creo que sus acciones (o ausencia de acciones) durante la presidencia de Trump y el mes y medio que pasó poniendo tropas en la frontera demuestran que él prefería ver si podía obtener sus objetivos de forma pacífica o torciéndole el brazo a Ucrania sin tener que invadir. Claramente Putin opina que eso ya no es posible y que ha llegado a un momento “ahora o nunca”.


La falta de intervención militar de Estados Unidos en Ucrania no le da carta blanca a China para invadir Taiwán


Esto ha sido una opinión popular últimamente, particularmente por políticos y comentaristas que se encuentran en el lado derecho del espectro político pero este análisis es muy superficial. China quiere recuperar Taiwán, hace pocos días emitieron un comunicado diciendo que la situación con Taiwán es muy distinto a aquella en Ucrania debido a que Taiwán es parte de China mientras que Ucrania es un país independiente. Aquí quedan claras las intenciones de Beijing, sin embargo, decir que los eventos recientes le han dado la certeza de invadir Taiwán sin consecuencias es absurdo.


Primero, no hay mejor escenario para China que la intervención militar de Estados Unidos en Europa. Si las dos mayores potencias nucleares del mundo se enfrentan en combate estarán ocupadas por un buen rato. Esto le daría a China una tremenda ventaja en una posible invasión a Taiwán: Estados Unidos tendría su tiempo y sus recursos ocupados en una guerra que podría fácilmente alargarse, dejando a China libre para llevar a cabo una invasión sin tener que preocuparse por enfrentarse a un rival que se encuentre completamente preparado. El hecho que Estados Unidos no haya intervenido le dice a China que su mayor obstáculo para la invasión de Taiwán tiene su atención completamente libre.


Rusia no es la fuerza destructora de la democracia que muchos nos querían vender


Previo a todo esto era común ver a personas opinar que Rusia es el gran villano de una nueva metanarrativa: la democracia contra la autocracia.


A Putin no le importa un carajo la democracia.


Dudo mucho que despierte todos los días y piense "wow, ¿como haré hoy para destruir el orden liberal mundial?". Putin parece un hombre preocupado por sus ambiciones regionales de imponer dominancia rusa en su parte del continente europeo y en los Balcanes. Estas intenciones no son “Putinismo”, no son nada especial que no hayamos visto en el pensamiento nacionalista ruso desde 1989. Para lograr sus objetivos, Putin hará tratos con democracias y autocracias, porque a él no le importa lo que pasa en Honduras o Botsuana, él está ocupado con recuperar el imperio que él vio caer.


Las historias de Rusia siendo la próxima Alemania de 1938 o Unión Soviética de 1950 requieren de una Rusia poderosa y peligrosa para poder ser sostenidas. De los días que van de combate hasta ahora, no hemos visto esa Rusia. No me malinterpreten, un país con armas nucleares y ambiciones imperialistas siempre será una amenaza a la estabilidad y a la paz mundial (sí, incluso los Estados Unidos), pero pensar que Rusia podría cargarse al mundo entero en una guerra convencional es vivir una fantasía sin reconocer la realidad. Quien sabe, quizás hay gente desesperada por vender otra Guerra Fría o una nueva Guerra Mundial solo para sentirse importantes.


Encima de todo esto, en cinco días de combate, Rusia no ha logrado avances serios en sus objetivos. Parece que nos encontramos frente a un país con ambiciones imperialistas, pero sin los medios para ejecutarlas. Es cierto que solo van cinco días y que los tanques de la coalición tardaron casi un mes en alcanzar Bagdad en la Segunda Guerra del Golfo, pero también es cierto que Kyiv está más cerca de Bielorrusia que Bagdad de Kuwait y los tanques aliados no andaban quedándose sin combustible en el desierto.


Llenar Ucrania de armas al ritmo que se hace actualmente va a traer consecuencias preocupantes


Ahora es popular ser pro-Ucrania y terminar envuelto en la pasión que viene con la propaganda de guerra, pero debemos recordar que Ucrania es uno de los países más corruptos del mundo. Su democracia deja mucho que desear y organizaciones mundiales han quedado bastante preocupadas en los últimos años.


Ucrania ha armado a civiles durante esta guerra, hace unos días el Ministerio de Defensa Ucraniano anunció que habían alcanzado los 37.000 reservistas armados y preparados. Esas son muchas armas sueltas que después de la guerra van a fácilmente formar un mercado negro expansivo que atraerá una clientela nefaria.


Para un ejemplo de algo similar podemos ver lo sucedido en, curiosamente, los países de la ex-Unión Soviética y aquellos de la antigua Yugoslavia. Naciones como Albania terminaron siendo depósitos de armas de guerra que luego terminaron en manos de grupos criminales. En el caso específico de Albania, la presencia de tantas armas ilegales facilitó las atrocidades cometidas durante la guerra civil de 1997.


Por supuesto, es fácil decir que ahorita hay cosas más importantes ocurriendo en Ucrania y que nos preocuparemos por el mercado ilegal de armas luego, pero habrá que preocuparse eventualmente.


Temo, seriamente, qué podemos esperar de Rusia ahora


Lo “correcto” sería que Putin pierda su absurda guerra de agresión contra un país soberano, pero temo las consecuencias de esa derrota. Rusia ha sido totalmente aislada de una forma que marca un antes y después en la geopolítica mundial.


Bancos rusos han sido desconectados de SWIFT, el sistema de compensación interbancaria más grande del mundo, a los momentos de escribir esto el 28 de febrero el Rublo ruso ha caído 40% en comparación al Dólar de los Estados Unidos, el mercado de valores ruso ha colapsado de forma sin precedentes.


Rusia está siendo acorralada contra una esquina. No tengo idea de cómo terminará esta situación, pero los animales acorralados se desesperan y el animal en esta ocasión tiene el arsenal nuclear más grande del mundo. No hay forma que Putin y su régimen olviden cómo ha reaccionado el mundo en su contra. Debemos prepararnos para esta nueva dinámica postguerra de Ucrania pero para ello debemos entenderla primero y dudo que eso sea tarea fácil. No creo que el panorama se aclare pronto, espero varios meses más de neblina cubriéndolo.


La situación es increíblemente volátil en estos momentos y el riesgo de consecuencias mundiales es el más alto que ha sido visto por las generaciones recientes. Espero que las negociaciones entre Rusia y Ucrania den resultados prontos que acaben con la tragedia y la paz vuelva a la región.


Planeo volver a visitar estos pensamientos cuando todo esto acabe para ver cómo han cambiado mis opiniones con la perspectiva que nos da el tiempo y más información.


 

Luis Gonzalez es un abogado graduado en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela), actualmente ejerce el derecho en el sector privado y es fundador y co-editor de The Explorer. Puedes encontrarlo en Twitter en @lagm96.